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LA MIRADA
21/02/2007 -
 

Hola,

 

En estos días reflexioné en cómo la mirada de muchas personas con enfermedades graves es más sensible.

 

La mirada de las personas con salud suele ser sin compromiso con las emociones, lo cual si, se encuentra presente en las personas enfermas. Parece que en estas personas la visión es más humana.

 

Tener una visión humana es una dura tarea en los tiempos que vivimos, tiempos de mucho estrés, de muchas exigencias, mucha competencia, mucha descreencia. Hay una plantación general de objetividad que se confunde con insensibilidad.

 

Es muy común que las personas tengan su individualidad y que sus historias sean evaluadas por criterios colectivos: lo que vale para uno, lo que vale para todos, regla general sin espacio para las excepciones.

 

Uno de los aspectos que empobrece en la actualidad es la ausencia de la excepción.

 

¿Cómo una enfermedad puede interferir en esto y cuestiona nuevamente la excepción? Vamos a ver: cuando alguien a quien amamos tiene algo grave, que en regla general, tiene un pronóstico definido, usted pide que sea una excepción, usted espera que el milagro de la excepción cure por el camino de Dios y a través de las manos de la medicina.

 

Su mente trabaja en el sentido de que habrá un abismo en la ley de las probabilidades que irá a beneficiar a la persona que usted ama.

 

Quien alimenta este razonamiento es el sentimiento precioso llamado Amor, que está tan presente en los discursos contemporáneos.

 

Se habla mucho sobre la importancia de cultivar el amor en todos los campos de mercado. Este sentimiento se convirtió en el único camino que lleva a los cambios y a la salvación, a la adoración del alma. Pero estos cambios son lentos, lentos, muy lentos. Y no basta con sólo hablar. No basta cocer las palabras como si fueran simplemente botones de decoración en los tejidos de las relaciones de la vida y con la vida. Estos botones, mas que de decoración,  deben tener la función de cuidar a estos tejidos.

 

Y sólo hay una manera de hacer esto, y para esto es necesario que las actitudes sean humanitarias!

 

Hay una fórmula infalible para ejercitar esta manera: y es colocarse en el lugar de la otra persona, y sólo de esta forma, desde este lugar, buscar  entender lo que está pasando con ella. Intentar aproximarse de la propia piel y que ella también sienta nuestra piel.

Cómo yo estaría si esto ocurriera conmigo? ¿Cómo me sentiría si fuera conmigo? ¿Qué haría si fuera conmigo?

 

Hay muchos pensamientos de Confucio, el filósofo y teórico político que ejerció gran influencia sobre la civilización de toda Asia Oriental (551-479 a.C.),  también llegaron a las tierras de occidente y en ella se quedaron sus raíces.

                       

Cuéntenme, y yo me voy a olvidar.

Muéstrenme, y voy a recordar.

Involúcrenme, y voy a entender!

 

Para amar es necesario involucrarse, compartir. Es necesario dejarse tocar por cada historia, que puede hasta tener varios puntos en común con otras historias, pero de todas formas es única, porque es la historia de cada persona que sólo puede entenderse por las propias razones.

 

Apenas a partir de esta primicia subjetiva, una mirada puede convertirse en una mirada más humana de un ser humano mejor.

 

Hay una ventaja en convertirnos en un ser humano mejor: es enriquecernos apenas con la posibilidad de emocionarnos y aprender con el ejemplo de cada uno. Es verdad que se crece a partir de nuestra propia experiencia, hacemos nuestra montaña sólo a partir del trasporte diario de nuestro propio puñado de tierra, pero el compartir la experiencia del otro nos sirve de gran inspiración para darnos coraje.

 

Es un gran desperdicio de tiempo el ser rígido, inflexible, por demás racional y sólo desarrollar una mirada sensible y volverse un ser humano mejor a partir de las limitaciones de la enfermedad.

 

No tiene que ser así. No es una regla.

 

Ahora, si es una regla, yo desearé que usted sea una excepción.

 

Me acuerdo de otro pensamiento de Confucio:

 

No son las hierbas malvadas que  matan a la buena semilla, pero si, la negligencia del campesino

 

No sea negligente con la belleza que hay en la sensibilidad humana.

¡Cuídese!

Hasta la próxima

  

Gláucia Telles Sales

 

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