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El verdadero viaje del descubrimiento no consiste en salir en búsqueda de nuevos paisajes...
17/05/2007 -
 

Hola

 

Creo que ustedes ya escucharon, o ya leyeron en algún lugar, tal vez hasta en este espacio, que guardar rencor hace muy mal a la salud y por esto es necesario perdonar.

 

Creo también que todos ustedes ya deben haber pensado en la dificultad de cumplir esto, ya que lo común en el curriculum de la vida es que tengamos un desentendimiento con alguien. ¿Quién ya no peleó con alguien y luego nunca más pudo estar de bien con esa persona? ¿Quién ya no se sintió que estaba pasando por una injusticia en alguna actitud o desición ajena? ¿Quién ya no dijo “ ojalá que le vaya mal”? Sin duda, ya todos alguna vez.

 

Todos ya nos sentimos así alguna vez. La apariencia social nos lleva a decir  que está todo bien, que ya pasó, que no tiene importancia, que no fue nada, pero esto es de la boca para afuera. En el fondo no está todo bien, no nos olvidamos, no dejamos pasar la situación. Al pasar los años, un buen día, de la nada, nos acordamos de lo que pasó, dando señales que en realidad el hecho, nunca fue olvidado.

 

Los teóricos dicen que si sólo recordamos el hecho, no hay problema, porque como sucede con toda herida, puede dejar una cicatríz y dicen que es el sentimiento el que necesita transformación.

 

Vivimos en un tiempo en el cual la meta es ser feliz cueste lo que cueste, es un tiempo maniático por la alegría y la salud. Somos diariamente bombardeados por una enorme cantidad de recetas para el bienestar y estar enfermo es visto casi como anti ético. Muchos esconden el no estar bien, para luego no ser juzgados por la indignación de otros.

 

 

¿Conocen la fábula sobre ciegos y elefantes? Es más o menos así. Había cinco ciegos que no conocían los elefantes. Hubo un día en el que ellos fueron invitados para conocer a este animal. Cada uno fue acercándose cautelosamente usando el tacto para concretizar el conocimiento. El primero palpó las patas del elefante y concluyó: ¡ah! Los elefantes se parecen con gruesas columnas.  El segundo palpó la trompa y no estuvo de acuerdo con el primero, y concluyó: columnas no. Los elefantes se parecen más con una cobra, ya que son sinuosos y flexibles. Luego fue el tercero, que agarró la cola y tuvo total seguridad de que los elefantes son parecidos con látigos. Son finos y tienen una cuerda en la extremidad. Por otro lado el cuarto ciego tanteando rápidamente al animal pensó en un bastón masiso. Por último el quinto ciego, acariciando las orejas del elefante, les dijo a todos: Ustedes están equivocados. Sin duda un elefante se parece con un abanico.

 

Bueno, es más o menos asi que vemos a los otros: analizamos y juzgamos sus enfermedades, sus reacciones y sus desiciones, palpándonos a nosotros mismos, osea, pensando en nuestra manera de enfermarnos, de ser, en nuestros valores, en nuestra experiencia. Nos basamos en lo que nosotros pensamos, sentimos y hubiéramos hecho para decir lo que el otro deberia pensar, sentir y hacer. A propósito, nadie le da mucha importancia a la cuestión del sentir. Esta se encuentra más o menos asi en nuestra conversación: Todo bien que tú te sientas asi, pero..... y normalmente después de este pero, vienen un montón de sabias consideraciones racionales que no entienden que el sentimiento es justamente lo que le da la calidad al cemento para luego construir una gran obra.

 

Es personal el tema de que todo es una cuestión de punto de vista, de que todo depende del ángulo sobre el cual es analizado, por esto es posible hablar mucho sobre este tema. Haciendo un paralelo con el no guardar renconres, todo depende de la situación que generó este rencor. Todo depende de cuánto duele en cada uno, de cuánto lastimó a cada uno. Entonces el gran elefante blanco de la discordia y el desentendimiento en la vida no es tan simple de conocer. Para conocerlo es necesario que cada uno lo vea con la mirada de quien está herido. Es necesario palpar la experiencia del otro para saber lo que le pasa. Es necesario mirar la situación para entender su punto de vista. No hay que ser técnico para hacer esto. Hay que ser tolerante, o sea, admitir que hay miradas contrarias a las de  uno y hay que abrir la nuestra para descubrir la del otro.

 

El verdadero viaje del descubrimiento no consiste en salir en búsqueda de nuevos paisajes, sino en poseer nuevos ojos.

                                                                                                          Marcel Proust

 

De cualquier manera, guardar rencor hace mal, y también hace mal llevarlo a un falso olvido. En cuanto al perdón es necesario analizar si es posible perdonar. Si el perdón será real, si es verdadero. Ahora, antes de decir que un corazón que no perdona es duro, es necesario escuchar la historia de ese corazón. Es él quien está sufriendo y si está sufriendo es porque todavía está dentro de él el sonido de la herida que lo lastimó. No sirve prender un parlante de afuera para adentro para ver si él escucha.

 

Todos queremos mejores tiempos. Esto es algo bueno de querer. Quien sabe un paso interesante sea buscar las razones del otro. Conocer al otro como él es.

Refiriéndose al elefante, es un mamífero de tamaño grande, del cual hay tres especies en el mundo actual, dos africanas y una asiática. Pueden tener de 3 a 3,50 metros y raramente son domesticables.

 

Hasta la próxima.

 

Gláucia Telles Sales

 

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