Hola
En mi adolesencia leí un poema de Ney Duclós que decía lo siguiente: estoy tan habitado que parezco un río, con sus recifes, corales, con sus peces.. y no me acuerdo más la secuencia. Lo que me hizo acordar del poema fue la referencia de estar tan habitado.
De esta forma me encuentro en este momento en el que les escribo a ustedes: habitada por muchos rostros, rostros nuevos y antiguos, que juegan con mis recuerdos trazando redes de pensamientos y emociones. Algunos buenos y otros no tanto. Estoy habitada, también, por hechos nuevos que me conducen a una misma cuestión: que cosa imposible de decifrar y dificil de llevar que es la vida.
En otros artículos ya les dije que esta caja de sorpresas que abrimos todos los días para ver lo que tenemos dentro, para ver lo que nos está reservado en el momento, no es fácil, ¿se acuerdan? Pero les dije también, que no por esto deja de ser un fenómeno fantástico. Yo continuo pensando asi, y me continua gustando compartir con ustedes cosas que me pasan. Para mi, esto nos aproxima. Entonces, comencemos.
El día 24 pasado de mañana, mi hija me llamó de la escuela llorando, porque la madre de una amiga había fallecido en un accidente horrible hacía pocas horas. Mi hija estaba asustada, insegura, y me dijo la siguiente frase: Mamá.. estuvo tan cerca!
Yo entendí lo que ella me quiso decir, y no es la primera vez que se expresa de esta manera. Ella me quiso decir que lo que le pasó a su amiga, tocó su vida, pasó a ser parte de ella, fue de ella. Su amiga es de la misma edad, del mismo tiempo, de las mismas expectativas y sueños para la vida.
No es alguien lejano que está en el periódico, en la TV, en la revista. Está allí, cerca, pensando como ella, en todo lo que planea hacer en esta etapa próxima de los 18 años, cuando ambas van a obtener la autorización oficial para disfrutar los beneficios de la vida de adulta, como entrar en la facultad, en películas y fiestas para mayores.
Solo que su amiga, cuando abrió la caja de sorpresas, se encontró sin ningún aviso previo, con una de las mayores pérdidas por la cual pasa un ser humano: la pérdida de la madre.
No es una realidad fácil de soportar. Para nadie! Luego del llamado, entre la sorpresa y la emoción, mi primer pensamiento fue: ¿cómo es que conseguimos sobrevivir con esto? Pero el hecho es que conseguimos.
De alguna manera o de otra conseguimos continuar adelante. Continuamos sembrando, plantando y deseando cosechar los mejores frutos para nosotros mismos y para los que amamos. Continuamos haciendo planes y deseando que estos se cumplan sin interrupciones, porque cuando hay una interrupción hay una descontinuidad en la línea de nuestra vida, y todo se derrumba.
Cuando alguien que amamos se muere, sucede eso, y todo lo que habiamos organizado queda amenazado.
Pasa un tiempo hasta que encontramos la punta del hilo para arreglar la madeja y no es posible establecer este tiempo de afuera para adentro. Este debe ser a medida de cada uno, porque se trata de elaborar pérdidas de relaciones únicas.
Una madre, por ejemplo, es una madre para cada hijo, vivida y apropiada a la subjetividad de cada hijo.
El “estuvo tan cerca “ dicho por mi hija me mostró, también, la etapa del miedo, el miedo de que alguna cosa pase conmigo, su mamá. Yo tenía compromisos fuera de la ciudad, y ella me hizo prometerle que nada me pasaría.
Yo le prometí. Es asi que acostumbramos a hacer.
Prometemos que nada malo nos va a pasar. Prometemos que vamos a cuidarnos. Prometemos que haremos todo lo que podamos para que las cosas estén mejor. Prometemos porque amamos, y a determinadas personas las amamos para siempre.
Para tí Ana Beatriz, papá, hermano, abuelos, familiares y amigos y a todos ustedes que ingresan al Espacio de Vida y que ya se tuvieron que despedir de alguien que amarán para siempre, les dedico el mensaje atribuido a San Agustín como un consuelo destinado a los hombre de buena fé.
“La muerte no es nada. Solamente pasé para el otro lado del camino. Yo soy Yo, ustedes son ustedes. Lo que yo era para ustedes, continuaré siendo. Denme el nombre que siempre me dieron. Hablen conmigo como siempre hicieron. Ustedes continuan viviendo en el mundo de las criaturas. Yo estoy viviendo en el mundo del Creador. No usen un tono solemne o triste. Continuen riéndose de lo que nos hacía reir juntos. Oren, sonrían, piensen en mí. Que mi nombre se pronuncie como siempre fue, sin ningún tipo de énfasis. Sin ningún trazo de sombra o tristeza. La vida significa todo lo que ella siempre significó.
El hilo no se cortó. ¿Porque yo estaría fuera de sus pensamientos ahora que estoy apenas fuera de sus vistas?
Yo no estoy lejos, apenas estoy del otro lado del camino. Tú que te quedaste ahi, sigue adelante.
La vida continua linda y bella como siempre fue.”
(San Agustín)
Quédense con mi cariño y con el deseo que encuentren rápido la punta del hilo que les permitirá retomar la madeja de sus vidas.
Hasta la próxima
Gláucia Telles Sales